CAPÍTULO 5
EL PASADO LLAMA A LA PUERTA
Aquella noche ninguno de los dos consiguió dormir demasiado.
El beso había cambiado algo.
Hasta entonces habían caminado con cuidado, intentando descubrir qué sentían sin ponerle nombre.
Pero ahora ya no podían esconderlo.
Se habían besado.
Y un beso, cuando llega después de tantas dudas, puede convertirse en una pregunta mucho más grande.
¿Qué pasaría a partir de ahora?
A la mañana siguiente, ella despertó con una sonrisa.
Buscó el teléfono.
Tenía un mensaje.
«Buenos días. ¿Has dormido?»
Sonrió antes de contestar.
«Poco.»
La respuesta llegó enseguida.
«Yo tampoco.»
Ella escribió:
«¿Por qué?»
Pasaron unos segundos.
«Creo que sabes por qué.»
Ella dejó el teléfono sobre la cama y se tapó la cara con la almohada.
Estaba enamorándose.
Y aquello la asustaba.
Durante todo el día estuvieron hablando.
Mensajes cortos.
Pequeñas bromas.
Alguna fotografía.
Y planes para volver a verse.
Pero aquella tarde ocurrió algo inesperado.
Cuando ella salió del trabajo, encontró a alguien esperándola.
Un hombre apoyado contra un coche.
Al verlo, se quedó completamente quieta.
Hacía años que no lo veía.
Pero reconocería aquella mirada en cualquier lugar.
—Hola —dijo él.
Ella no respondió.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Demasiado.
Él dio un paso hacia ella.
—Necesito hablar contigo.
Ella negó con la cabeza.
—No hay nada que hablar.
—Para mí sí.
Ella sintió que el pasado volvía de golpe.
Todas las heridas.
Todas las promesas incumplidas.
Todas aquellas noches en las que había llorado pensando que nunca volvería a confiar en nadie.
—Mi vida ha cambiado —dijo ella.
Él la miró.
—¿Hay alguien?
Ella guardó silencio.
Y ese silencio fue suficiente.
—Lo sabía —dijo él.
Ella respiró profundamente.
—No tienes derecho a preguntarme eso.
—Solo quería saber si todavía había una oportunidad.
Ella lo miró con tristeza.
—La oportunidad la tuviste.
Y se marchó.
Aquella noche llegó a la taberna más tarde de lo habitual.
Él ya estaba allí.
Cuando la vio entrar, sonrió.
Pero enseguida notó que algo no iba bien.
—¿Qué ocurre?
Ella se sentó.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después tomó aire.
—Hoy ha aparecido alguien de mi pasado.
Él permaneció en silencio.
—¿Quién?
—Una persona que me hizo mucho daño.
Él tomó su mano.
—¿Quieres hablar de ello?
Ella negó con la cabeza.
—No ahora.
Él asintió.
—Entonces no hablaremos.
Ella lo miró sorprendida.
—¿No quieres saber qué pasó?
—Sí.
—¿Y no vas a preguntarme?
—Cuando quieras contármelo, me lo contarás.
Ella sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—¿Por qué eres así?
Él sonrió.
—¿Así cómo?
—Diferente.
Él acarició suavemente su mano.
—Porque no quiero ser otra persona que te obligue a tener miedo.
Ella se acercó.
Apoyó la cabeza sobre su hombro.
Durante un largo rato permanecieron en silencio.
La taberna estaba casi vacía.
Solo se escuchaba una vieja canción sonando de fondo.
Entonces ella levantó la cabeza.
—Tengo algo que decirte.
—Te escucho.
—Creo que me estoy enamorando de ti.
Él se quedó inmóvil.
No porque le sorprendiera.
Sino porque llevaba días esperando escuchar aquellas palabras.
—Yo también —respondió.
Ella sonrió.
—¿Desde cuándo?
Él pensó unos segundos.
—Desde aquella primera noche.
—¿En la taberna?
—No.
Ella frunció el ceño.
—¿Entonces?
Él sonrió.
—Desde que entraste por aquella puerta y preguntaste si el libro que estabas leyendo era bueno.
Ella soltó una pequeña carcajada.
—¡Pero ni siquiera nos conocíamos!
—Precisamente.
Ella volvió a apoyarse sobre su pecho.
Y por un instante olvidaron el pasado.
Olvidaron los miedos.
Olvidaron todo aquello que podía salir mal.
Pero mientras ellos se abrazaban, al otro lado de la calle alguien observaba la taberna desde el interior de un coche.
Era el hombre del pasado de ella.
Y no parecía dispuesto a marcharse.
La historia de amor acababa de comenzar.
Pero el pasado todavía tenía una última palabra.
Y aquella noche…
acababa de llamar a la puerta.